

Ya que afloro los recuerdos, quisiera narrar algunas experiencias de mi niñez, y es que no tuve que salir de casa para jugar, no me aburría jamás ya que teniendo 5 hermanos (3 mujeres y 3 hombres) está de más imaginar todo lo que podíamos hacer juntos, poseíamos mucha creatividad para no sentirnos faltos de nada, pasamos unidos muchas etapas maravillosas, recuerdo que el mayor organizaba un “concierto de rock”, los recipientes, las escobas, las ollas y todo cuanto pudiera tener sonido se convertía en batería (instrumentos musicales), el otro hermano le gustaba el terror, la aventura, y solía armar el famoso “tren fantasma”, era una especie de túnel revestido con sábanas, baldes agua, amarrados a una soga que tiraba, y muñecas pintadas con tinte rojo ó algún antiséptico para hacer creer que eran “monstruos” con heridas, en conclusión no había mejor idea que manchar todo con tintes y plumones que jamás saldrían.
A mí me gustaba jugar a la casita, sentaba a las muñecas, invitaba a mi familia a tomar el té, recuerdo que mi mamá me compraba galletas y llenaba las tacitas con té de verdad, tengo en la mente las palabras: “mmmm qué rico todo querida”, a veces preparaba una torta que la repartía en esos platitos de juguete, a mí me ilusionaba jugar con ella, además que me hacía creer que algunas plantitas eran el arroz, el azúcar, decía que así jugaba de niña, no sé pero desde niñitas tenemos el instinto de cocinar, queremos jugar con ollitas, planchitas, gustaba de vestir a mis muñecas con ropita que yo misma cocía, en aquella época mi casa no tenía escaleras y con bancas de madera ó guías telefónicas armaba peldaños que llegaban a la altura de la ventana que daba al jardín, y así podía contemplar todo el verdor (desde ahí ya me gustaba asomarme a la ventana), y luego nos encantaba “ir” al mercado, jugar a la tiendita, por supuesto la tienda estaba muy bien surtida, metíamos todo a una canasta, nos prestabamos de la cocina de mamá y así a todo le poníamos precio, teníamos monedas y billetes antiguos para comprar, pintábamos todo cuando encontrábamos y vaya que luego escondíamos porque no salían las manchas, sobre todo de nuestros preciados muñecos, de aquellas travesuras todo era sano, sin pizca de mala intención, no sabíamos mentir, ni echar la culpa a nadie, todo teníamos que confesar si cometíamos una mala acción, ja, ja. Siempre nos defendíamos, nos protegíamos, nos ayudábamos.
Nos encantaba el verano (las vacaciones) porque podíamos jugar a los Carnavales en el jardín, en ese, “nuestro mundo”, lo que más deseabamos era el refrescante chapuzón que mi madre daba con la manguera, corríamos como si nos persiguiera (ja, ja!!), de hecho ella estaba cómoda, leyendo una revista, tomando sol y apenas elevaba el brazo para mojarnos, desesperantes eran los gritos como si ella nos persiguiera y nosotros estuviéramos sin escapatoria, ja, ja… momentos plenos.
Cómo volver a esa etapa, verdad? Después de todo no podremos jamás olvidar nuestra niñez, a mí me encanta revivir ese pasado, mirar fotos, leer cuentos, escuchar discos de Blanca Nieves, Pinocho, La Bella Durmiente. Recuerdo también que para oír aquellos discos teníamos que merecerlo, portarnos bien, hacer las tareas, estar bañados, comidos y con pijama, luego de guardar silencio y escuchar atentamente la narración llorábamos de pena, de miedo (cuando la ballena se comió a Pinocho, cuando el lobo se comió a la abuelita, cuando la bruja le dio la manzana a Blanca Nieves, etc.,), en fin, el final felizmente era lindos (“colorin, colorado este cuento se ha acabado”) y todos a dormir… yo por supuesto quería escuchar comentarios de mis hermanos sobre los cuentos y como siempre, Marita, empezaba a opinar, a entrevistarlos y a darles mi parecer, y qué hubiera hecho en lugar de esto ó aquello, pobres, tener que aguantarme y de niños (horror!!!), podíamos soñar lo vivido con facilidad, todo esto fue para mí muy hermoso, y es que nuestros padres siempre nos hacían sentir protagonistas (ja, ja!!)
Ya con más añitos empecé a cruzar la vereda de mi casa, mi primera vecinita se llamaba Liliana, me encantaba ir a su casa porque nos encerrábamos en su dormitorio y nos maquillábamos, aunque aún jugaba con muñecas un día me decepcioné porque mi hermano y ella jugaron al “papá y a la mamá” y no los encontraba y era que se habían escondido en el ropero y cuando abrí los encontré de la mano (ja, ja!!!), para mí eso fue fuerte, jaaaaaaaaa!! En fin, era un juego inocente, pero me marcó para toda la vida (mi hermano y mi vecinita!!)
Luego, empezaron las fiesteritas de disfraces y me convertí (en 1 día!!!) en “Mi bella Genio”, ja, ja!! Lástima, que sólo mis padres me veían “bella y genio” y así empecé a crecer y a disfrutar de cada momento. Jugar a las enfermeras (con Patricia Canales) del cual no me quedó recuerdo grato, para nada lindo, diría algo traumático más bien, ella me pinchaba con inyecciones de verdad (ja, ja!!).
He tenido tantas anécdotas de pequeña, y sobre todo en el colegio, era muy buena alumna, era brigadier, con 20 en conducta, pero… la matemática no me gustaba y en los exámenes finales tenía que aprobar mínimo con un 13, no sé, estuve con profesora particular (Miss Castro) y cuando ya creía que todo estaba superado, el día del examen me quedaba congelada, no podía razonar, me ponía tensa, todo se nublaba, sudaba, temblaba, tenía terror a los resultados, así que me puse a escribir en el examen (en el papel)… “Padre Nuestro, que estás en los Cielos…” sí, escribí EL PADRE NUESTRO, no me quedó otra, tenía que rezar y encomendarme al ÉL que todo lo puede (Felizmente le gustaba la matemática porque mis notas sobresalieron), no sé si fue un favorcito, un milagrito ó simplemente la profesora se apiadó, pero hoy de grande lo cuento (que vergüenza!!!!!!!).
Otro día fue que tenía una presentación de ballet y no encontré en ningún lugar mis zapatillas, por la hora no podía ni obtener otras, me pusieron atrás para que no se notara, porque bailé con zapatitos de fiesta (Ayyyy Dios desde niña era traviesa), de hecho yo las escondía para que no se me perdieran (jaaaaaaaaaa), después otro día no le dije a Mamá que me eligieron para ser la dama de honor del matrimonio de mi profesora de Inglés, no le entregué el papelito de invitación jamás y la Miss se confió seguro, porque el carro de la novia paró en la puerta de mi casa para recogerme y me escondí, mamá casi me… ja, ja!!! Tantas anécdotas de niña, pero se van a decepcionar, no podré mentir aquí, lo que no ha cambiado para nada es mi carácter, dicen que desde niñita he tenido mal genio y he sido contestalona (ahora entiendo porque soy así… ji,ji!!), les contaría tantas cosas, disfrutaría de contarles cuando fui Girl Scout (Noooo!!!!!!!), bueno, otro día les cuento, de hecho tengo muchas historias, sobre todo cuando llegué a casa a la media noche después de una fogata (y no avisé). No crean que soy tan renegona, digamos que el 50% de mi personalidad es bromista y me encanta disfrutar -ahora de grande- de aquellos momentos, y es que casi todos los chascos los experimenté en instantes ceremoniales ó fotos importantes, ja, ja!!!
Lo que sí el sueño de la tiendita se me cumplió hace unos días, me metí en la bodega en la cual compro camino a casa (ya, ya cuando no Marita, como siempre metiche), entré y la señora estaba con carita de cansancio, pues tenía que acomodar la mercadería y me dice, estoy agotada y con tanta gente que entra y sale no puedo avanzar, y le dije, ya regreso… me cambié de ropa y fui a ayudarla, ella roja de vergüenza y yo feliz, ahora cada que paso por ahí el de seguridad le dice: “señora ya viene su ayudante”, ji,ji!! Imagino que otros dirán que estoy “loquita”, pero un sueño de niña se me cumplió de grande, ja, ja… jugar a la tiendita!!
Recordar es volver a vivir…
A mí me gustaba jugar a la casita, sentaba a las muñecas, invitaba a mi familia a tomar el té, recuerdo que mi mamá me compraba galletas y llenaba las tacitas con té de verdad, tengo en la mente las palabras: “mmmm qué rico todo querida”, a veces preparaba una torta que la repartía en esos platitos de juguete, a mí me ilusionaba jugar con ella, además que me hacía creer que algunas plantitas eran el arroz, el azúcar, decía que así jugaba de niña, no sé pero desde niñitas tenemos el instinto de cocinar, queremos jugar con ollitas, planchitas, gustaba de vestir a mis muñecas con ropita que yo misma cocía, en aquella época mi casa no tenía escaleras y con bancas de madera ó guías telefónicas armaba peldaños que llegaban a la altura de la ventana que daba al jardín, y así podía contemplar todo el verdor (desde ahí ya me gustaba asomarme a la ventana), y luego nos encantaba “ir” al mercado, jugar a la tiendita, por supuesto la tienda estaba muy bien surtida, metíamos todo a una canasta, nos prestabamos de la cocina de mamá y así a todo le poníamos precio, teníamos monedas y billetes antiguos para comprar, pintábamos todo cuando encontrábamos y vaya que luego escondíamos porque no salían las manchas, sobre todo de nuestros preciados muñecos, de aquellas travesuras todo era sano, sin pizca de mala intención, no sabíamos mentir, ni echar la culpa a nadie, todo teníamos que confesar si cometíamos una mala acción, ja, ja. Siempre nos defendíamos, nos protegíamos, nos ayudábamos.
Nos encantaba el verano (las vacaciones) porque podíamos jugar a los Carnavales en el jardín, en ese, “nuestro mundo”, lo que más deseabamos era el refrescante chapuzón que mi madre daba con la manguera, corríamos como si nos persiguiera (ja, ja!!), de hecho ella estaba cómoda, leyendo una revista, tomando sol y apenas elevaba el brazo para mojarnos, desesperantes eran los gritos como si ella nos persiguiera y nosotros estuviéramos sin escapatoria, ja, ja… momentos plenos.
Cómo volver a esa etapa, verdad? Después de todo no podremos jamás olvidar nuestra niñez, a mí me encanta revivir ese pasado, mirar fotos, leer cuentos, escuchar discos de Blanca Nieves, Pinocho, La Bella Durmiente. Recuerdo también que para oír aquellos discos teníamos que merecerlo, portarnos bien, hacer las tareas, estar bañados, comidos y con pijama, luego de guardar silencio y escuchar atentamente la narración llorábamos de pena, de miedo (cuando la ballena se comió a Pinocho, cuando el lobo se comió a la abuelita, cuando la bruja le dio la manzana a Blanca Nieves, etc.,), en fin, el final felizmente era lindos (“colorin, colorado este cuento se ha acabado”) y todos a dormir… yo por supuesto quería escuchar comentarios de mis hermanos sobre los cuentos y como siempre, Marita, empezaba a opinar, a entrevistarlos y a darles mi parecer, y qué hubiera hecho en lugar de esto ó aquello, pobres, tener que aguantarme y de niños (horror!!!), podíamos soñar lo vivido con facilidad, todo esto fue para mí muy hermoso, y es que nuestros padres siempre nos hacían sentir protagonistas (ja, ja!!)
Ya con más añitos empecé a cruzar la vereda de mi casa, mi primera vecinita se llamaba Liliana, me encantaba ir a su casa porque nos encerrábamos en su dormitorio y nos maquillábamos, aunque aún jugaba con muñecas un día me decepcioné porque mi hermano y ella jugaron al “papá y a la mamá” y no los encontraba y era que se habían escondido en el ropero y cuando abrí los encontré de la mano (ja, ja!!!), para mí eso fue fuerte, jaaaaaaaaa!! En fin, era un juego inocente, pero me marcó para toda la vida (mi hermano y mi vecinita!!)
Luego, empezaron las fiesteritas de disfraces y me convertí (en 1 día!!!) en “Mi bella Genio”, ja, ja!! Lástima, que sólo mis padres me veían “bella y genio” y así empecé a crecer y a disfrutar de cada momento. Jugar a las enfermeras (con Patricia Canales) del cual no me quedó recuerdo grato, para nada lindo, diría algo traumático más bien, ella me pinchaba con inyecciones de verdad (ja, ja!!).
He tenido tantas anécdotas de pequeña, y sobre todo en el colegio, era muy buena alumna, era brigadier, con 20 en conducta, pero… la matemática no me gustaba y en los exámenes finales tenía que aprobar mínimo con un 13, no sé, estuve con profesora particular (Miss Castro) y cuando ya creía que todo estaba superado, el día del examen me quedaba congelada, no podía razonar, me ponía tensa, todo se nublaba, sudaba, temblaba, tenía terror a los resultados, así que me puse a escribir en el examen (en el papel)… “Padre Nuestro, que estás en los Cielos…” sí, escribí EL PADRE NUESTRO, no me quedó otra, tenía que rezar y encomendarme al ÉL que todo lo puede (Felizmente le gustaba la matemática porque mis notas sobresalieron), no sé si fue un favorcito, un milagrito ó simplemente la profesora se apiadó, pero hoy de grande lo cuento (que vergüenza!!!!!!!).
Otro día fue que tenía una presentación de ballet y no encontré en ningún lugar mis zapatillas, por la hora no podía ni obtener otras, me pusieron atrás para que no se notara, porque bailé con zapatitos de fiesta (Ayyyy Dios desde niña era traviesa), de hecho yo las escondía para que no se me perdieran (jaaaaaaaaaa), después otro día no le dije a Mamá que me eligieron para ser la dama de honor del matrimonio de mi profesora de Inglés, no le entregué el papelito de invitación jamás y la Miss se confió seguro, porque el carro de la novia paró en la puerta de mi casa para recogerme y me escondí, mamá casi me… ja, ja!!! Tantas anécdotas de niña, pero se van a decepcionar, no podré mentir aquí, lo que no ha cambiado para nada es mi carácter, dicen que desde niñita he tenido mal genio y he sido contestalona (ahora entiendo porque soy así… ji,ji!!), les contaría tantas cosas, disfrutaría de contarles cuando fui Girl Scout (Noooo!!!!!!!), bueno, otro día les cuento, de hecho tengo muchas historias, sobre todo cuando llegué a casa a la media noche después de una fogata (y no avisé). No crean que soy tan renegona, digamos que el 50% de mi personalidad es bromista y me encanta disfrutar -ahora de grande- de aquellos momentos, y es que casi todos los chascos los experimenté en instantes ceremoniales ó fotos importantes, ja, ja!!!
Lo que sí el sueño de la tiendita se me cumplió hace unos días, me metí en la bodega en la cual compro camino a casa (ya, ya cuando no Marita, como siempre metiche), entré y la señora estaba con carita de cansancio, pues tenía que acomodar la mercadería y me dice, estoy agotada y con tanta gente que entra y sale no puedo avanzar, y le dije, ya regreso… me cambié de ropa y fui a ayudarla, ella roja de vergüenza y yo feliz, ahora cada que paso por ahí el de seguridad le dice: “señora ya viene su ayudante”, ji,ji!! Imagino que otros dirán que estoy “loquita”, pero un sueño de niña se me cumplió de grande, ja, ja… jugar a la tiendita!!
Recordar es volver a vivir…
AMO A MIS HERMANOS, QUIENES SON Y SERÀN MI FORTALEZA
No hay comentarios:
Publicar un comentario