Pasó años de su vida aportando cultura, tejiendo memorias, dialogando con familias, reconstruyendo historias. Transcribía el ayer, rebuscaba fotografías, e invitaba del pasado al presente. Nos ayudó a conocer cada nombre de los ancestros que hoy llevan nuestras calles, siendo nosotros herederos de cada rincón, despertando así el compromiso de custodiar lo que se tiene con pasión.
Tanto valoraba el esfuerzo de los vecinos por sacar adelante su identidad, que se animó a dar realce a nuestro pueblo, sabiendo que eran los nombres y apellidos quienes dieron y dan lustre a esta Cuna de Héroes y Campeones, como es Arrecifes..
Le dicen la Señora de las Calles, porque pasa por ellas para honrarlas y premiarlas. Mujer agradecida con Dios y con la vida, dice que si queremos tener una Provincia que mejore y se valore, debemos amarla primero. Si vivimos aquí, hay que respetarla, lucharla, dejar señales, tu paso, tu calle, tu historia, es lo más valioso que tienes. Un testamento, un legado, para quienes hereden y prolongue la construcción de nuestra historia.
Arrecifes tiene muchos años de historia, cuyo pasado defendía el respeto con dignidad, aún asomaran problemas del tiempo. El ayer, estuvo acompañado con la fortaleza de caballos como transporte, con ranchos, casas de señores y hasta de adobe. Hoy, continúa su vida con coraje, sin vanidad, con signo de fe, sencillez, con luz propia, con hombres y mujeres anónimos que siguen soñando en engrandecerla con su vida, sus hechos, su trabajo y amor. No importa el título ni el diploma, todos somos Población, Agricultores, Vencedores, Poetas, Escultores, Pintores, Maestros, Ganaderos y Señores. El estar firme, orgulloso, nos motiva a crecer, a escribir, a sentir un profundo sentimiento por el lugar donde moramos. Un impulso a seguir, desarrollar, progresar, crecer, valorar. A sentir qué es decencia, humildad, integridad, comunidad, solidaridad. Todo está entrelazado, todo es valioso aquí, desde el saludo en la calle, el integrarnos a la hora del mate, los dulces, con la abuela y el chocolate, es como palpar la tradición, archivar costumbres, registrar conversaciones, recordar paseos por el puente y siestas al lado del río, sin olvidar el romance, la poesía, la música de piano y guitarra, todo es historia.
Arrecifes, es un lugar acogedor, cuyas fiestas del estudiante y del automovilismo congregan al vecino y atienden al visitante, un contacto directo con la naturaleza. Calles pequeñas, pero, con riquezas y promesas que no pierden su esencia ni se agrieta con el tiempo.
¿Qué podemos dejar como testimonio de pocos ó tantos años vividos aquí, qué podemos rescatar de nuestro pasado y presente?
El abrazar el pasado con el presente nos enseña a entender cómo es que surgimos con el paso de los años, siendo los pobladores la evidencia de lucha, de trabajo, de honra e imitar a quienes dedican parte de su vida en distinguir los lugares que ahora caminas, porque en todos los tiempos habrán héroes silenciosos, que incentiven a otros a honrar, dedicar y amar a su Patria.
Por ello, te escribo a ti, niño y joven de escuela, el futuro, nuestra prolongación de vida.
La lucha no sólo fue ayer, ella continúa día a día con tus padres para educarte y desarrollarte y con nuestros Maestros que nos conducen por el camino de la Cultura.
De ti depende en ayudar a construir el futuro aquí. Si te vas ahora, vuelve mañana y reponle lo que te llevaste, porque con tus manos sabrás plantar lo que hoy sabes dar.
Es así como se suman los años de historia, con testimonio de vida, que fueron cimentados por nuestros antepasados, y el presente sigue siendo construido, firmemente por nuestra gente, que aporta, enriquece y ayuda a continuar nuestra historia.
Arrecifes te vio nacer, te amamantó, te cobijó, te vio crecer…
¡Arrecifes, lugar que pisé y me enamoré!

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