domingo, agosto 22, 2010

Día del Catequista en Nuestra Señora de La Piedad

La invitación llegó por el Facebook, la compartí en mi muro feliz. Tenía en el corazón motivación, algo muy espiritual me decía que vaya, luego lo conversamos con Milagros y así  reencontrarnos. A medida que pasaban los días, me preguntaba si iría, el camino sería largo y le buscaba excusas, que al final no valieron, puesto que la comunidad de NSP en el FB era mi recordatorio y me ayudó a sentirme más integrada, muy expectante.
Estaba ilusionada. Me preguntaba constantemente y todos los caminos me conducían a la Parroquia. Grande fue la emoción de saber también que irían varias personas que las llevo en el corazón. Javi se encargó de convencernos... Tengo puesta una Tau Franciscana muy querida, pero sin saber que esa noche me entregarían una nueva, busqué la que usé en mis inicios de Catequesis. Me marcó realmente, cómo explicar este momento. La Tau, es un símbolo que me enseñó a abrazarme a la Cruz de Jesús. La Tau me recuerda a Francisco pobre, a mi madre franciscana, al enfermo, al dolor, a la pasión.
Armé tantos rompecabezas imaginarios esa noche, entendí ese llamado que muchas veces no queremos oir bien, esa vocecita que me decía cuando estaba enferma: Ayúdame, busca tu misión: Repara mi Iglesia y cómo contarlo Señor, si lo primero que me dirían es que estoy loca y que ese "ayuda a mi iglesia que está en ruinas" me lo atribuía yo, que no era mío. Dios, se lo pidió sólo a un Santo, a Francisco de Asís, y no a mí, esa noche no fui por gusto, ese día tuve un encuentro maravilloso conmigo misma, al renovar mi vida, mi compromiso como Catequista, entendí qué quería decir: Repara mi iglesia; ¿no ves que se hunde?. El Señor se refería a la iglesia del alma, del cuerpo, de nosotros, como creyentes, faltos de pan del Cielo, de la esperanza, de FE, de consuelo, de aquellos que se pierden con las cosas del mundo, de nosotros faltos de valores, encerrados en nuestros engaños, soberbios, intoxicados por la maldad, de nuestros pecados. Esa noche, nadie lo supo, pero mi corazón latía a mil, entendía paso a paso cada momento de mi vida, cada desilusión, alegría, decepción, e inclusive los momentos más fuertes, la noticia de mi tumor, la cirugía, los enojos, las desilusiones y decepciones...
Aquella noche entré al Templo, escondidita, P. Zbigniew (Paco), párroco de Nuestra Señora de la Piedad, realizaba la Celebración Eucarística. Mis ojos grababan en detalle cada momento, escuchando con suma atención la homilía, él nos ayudaba a entender la Misión que Dios encomendó a sus Discípulos. P. Paco, un sacerdote renovado, maduro, no era más el fraile de años atrás, aquel que pronunciaba el español con dificultad, podía asomarse por mi mente momentos de fraternidad, eso que nos queda grabado (el pancito y el café que me invitó un día que trabajé hasta tarde), sólo lo dejó en el escritorio y se fue. Recordé a P. Marek cuando me recibió en 1997, a P. Simón, Stanislaw, P. Zibi, P. Jacinto, P. Orlando, P. Boguslaw de visita, P. Dariusz Mazurek. El templo y las muchas veces que estaba con los niños orando y cantando.  Todo, absolutamente todo, traía a mi mente cada momento como en una película, expereciencias con los Catequistas, conversaciones y reuniones de gran entusiasmo, todo se reflejaba, una gran ayuda para entender porqué estaba parada ahí... Dios, nos llama a través de instrumentos que Él toca, nos vamos dando cuenta que el servicio es un compromiso constante, es una entrega, un reto, una VOCACIÓN, siendo nosotros sus siervos. Justo hacía días pensaba, las biografías de los santos en el pasado las escribían diciendo que eran inalcanzables, con milagros y hazañas tan exageradas. Hoy, comprendo a través de los tiempos que DIOS no quería "líderes", Él buscaba sólo a personas que cumplan con su Voluntad, y sí, hoy en día podemos mirar a muchas personas que caminan y que dedican su tiempo, su servicio con vocación.
Luego, después de la Celebración, nos invitaron al compartir. En el camino saludé a Milagros, Charito, a mis grandes amigos: los Caicho, Pilar, Yonny, Angelita, Elvirita, a todos!!!!. Los Catequistas de esta nueva generación (algunos fueron nuestros alumnos), nos esperaban para ponernos solapines, a mí me tocó una ovejita, me sentí volver al rebaño, volviendo a casa. Suspiros bajitos y emoción. Ha sido el mejor momento de mi vida, abracé a mis queridas "hijas" Li, Ro I, Ro 2, Ce, y así a todos, todos mis buenos amigos y compañeros  y algunos que reconí en las fotos, pero no los vi. Esa noche conocí a muchos otros que llenaron mi VIDA también, MI CORAZÓN, MI ALMA, esa noche, efusivo momento, que lo tengo vivo, que lo llevo en el alma, y que han hecho posible que siga en contacto con muchos catequistas de mis inicios. Estoy agradecida de ser parte de la Familia que Dios me puso, estoy agradecida con mi vida, con la vida de cada uno de ustedes. Estoy agradecida con aquellas personas que pasaron 1 solo día, pero que dejaron huellas, como las de Francisco de Asís, aquel AMIGO que llevo conmigo, así como con cada uno de los frailes que me han acompañado en este camino.
La vocación del Catequista no es por un tiempo, es por siempre y para siempre, es un SÍ para toda la Vida...
¡Gracias a los Catequistas de estos tiempos por este 1º Reencuentro!
Levanten sus voces y lo que les suceda a ustedes lo compartan siempre, que logren ECO en la vida del otro, y así celebrar juntos el gozo de continuar con la Obra de Nuestro Señor.
Para conocer a JESÚS, debemos abrazarnos a su CRUZ!!!!