jueves, diciembre 27, 2007

Huellas Franciscanas

Breve Misión en Pariacoto
“No tengas miedo, siempre voy delante de ti, sígueme, te daré el descanso...”
(Lc. 17, 9)
A nuestro Asesor de Catequesis P. Jacek Leszczynski, Orden Franciscana MenorConventual Misión de Perú
Seguir las huellas de Francisco de Asís, seguir al amante amigo de todas las criaturas de Dios, al alegre cantor de la naturaleza es levantar los corazones de los hombres y llevarlos a la alegría espiritual. A ello se debía que el santo y sus seguidores se dirigían a la gente no "desde las bancas de los monasterios o con la cuidadosa irresponsabilidad del estudiante enclaustrado", sino que "vivían entre ellos y batallaban con los males del sistema bajo el que la gente gemía"..
Seguir sus huellas, ser misioneros, es tener el alma y el corazón dispuestos, es intentar hacernos completos para todos, en especial para los que más lo necesitan. Es caminar en esta línea libre siempre, llevar lo necesario en nuestro equipaje para ir allí donde se nos necesita, quizás no nos demos cuenta de los lugares urgentes, porque jamás nos detuvimos a mirarlos, a palparlos de más cerca. La Misión es tomar conciencia de la importancia que es un Servicio y un fin de semana fue necesario para elegir un nombre a nuestro Servicio: “Huellas Franciscanas”. Bastó un sólo testimonio de Vida para darle riqueza a un pueblo tan pobre como es Pariacoto, ubicado a 58 kms. de Ancash – Huaraz cuya laboral Pastoral la realizan los Franciscanos Conventuales de la Misión de Perú. Fuimos invitadas por los los frailes de Pariacoto a los caseríos aledaños al Pueblo y nuestro caminar fue muy duro y lleno de peligros, todo ello nos motivó a darle importancia a nuestros momentos libres en Lima, ¿por qué no llevar nuestra misión a otros lugares?. Somos Catequistas, día a día nos preparamos para llevar el Evangelio, preparamos dinámicas, cantos, y charlas, ¿por qué no transmitir nuestros conocimientos a las Parroquias de Chimbote o Pariacoto?. Nuestro fin de semana será inolvidable, compartimos con jóvenes y niños momentos gratos, ¿no es Navidad?... ¡No importa! No hay donaciones ni regalos, sólo llevamos como equipaje el corazón abierto y nuestro servicio.
¿Qué es ser Misioneros para Huellas Franciscanas? Ser misioneros es VIDA, siendo sacerdotes, religiosas o laicos, se traduce en actitudes que tenemos que vivir donde nos encontremos. Hoy en Pariacoto, otras costumbres, mucha pobreza, mañana no lo sabremos, pero SIEMPRE y en todas partes lucharemos por seguir huellas de bien, por SER MISIONERAS.
Lo mejor de nuestra experiencia misionera, es nuestra alma misionera. Hemos madurando, tomamos ahora mayor conciencia de cómo brindar ayuda nuestro prójimo... ellos necesitan de nuestras manos, de nuestro corazón. Debemos de encontrarnos a disposición de Dios, es la gente, su sencillez, su capacidad de acogida, apertura, su hospitalidad; son ellos quienes nos evangelizan más de lo que nosotros creemos lo hacemos. El contacto real y vivo con las diferentes situaciones grandes de pobreza y miseria, con lo mejor y lo peor de la vida humana, ha sido en ocasiones costoso y doloroso pero a la vez nos abre caminos de EVANGELIO. Es cruzar el río en una caja sujeta a una cuerda con temor a caer, o a que esta se enrede estando completamente sola, es ayudar a vencer el miedo en un duro abismo, es tomar de la mano de tu compañera si esta se siente desmayar, es compartir agua que traes en tu bolso para calmar la sed que aprieta. Es hacerte amiga del sol y de las estrellas, es tener luz y oscuridad propia, es rodearte de plantas y animales quienes te acompañan... y a veces es detenerte en el camino y perderte sólo porque las espinas del camino te impiden avanzar y las mariposas suben contigo rodeándote y te pones feliz, olvidando algún dolor. Llegar a Vinchota, (caserío aledaño al pueblo) totalmente exhausto, cansado y sin fuerzas te espera un tazón lleno de chicha de caña, te embarga de emoción y ves en ellos un rostro lleno de alegría, de acogida, disfrutas de la Fiesta en Homenaje a la Virgen del mismo nombre, después de la Celebración Eucarística una banda de música también le rindió homenaje disfrutando también de sus danzas, de sus comidas (las ofrendas son cosecha de su tierra y el pan es elaborado por ellos) y esta vivencia nos enseña que son grandes de espíritu, la alegría es contagiante, ¡Ricos totalmente! Subimos a otro caserío llamado El Milagro y participamos en la Misa con las lecturas, con el coro y bailamos con los niños, enseñándoles nuestras dinámicas, luego el camino se hizo muy oscuro, pero fueron las estrellas y la alegría de los cantos, la paz que nos envuelve la naturaleza misma que venció cualquier temor de no conocer el camino.
Teníamos que regresar a Lima nos sentíamos muy tristes... la vida allá es dura, no es fácil, pero las ganas de seguir trabajando es fuerte, el Párroco iba esa noche a Cochabamba (otro pueblo) y tuvimos que rechazar esa invitación, esa experiencia por tener que volver a nuestros compromisos en nuestra Ciudad. En Lima tenemos la responsabilidad de la Catequesis de Primera Comunión, Parroquia Nuestra Señora de La Piedad de San Luis, este año son 150 niños quienes están guiados por casi 25 Catequistas, con las mismas ilusiones, ganas y amor que nace en nosotras, quizás la realidad sea otra y no encontremos niños sin juguetes, sin vestidos o con caritas sucias, pero la inmensa falta de fe, de hambre de Dios y de amor nos envuelve a responsabilidad de cumplir con nuestro Asesor quien ha puesto toda su confianza preocupándose por nuestra educación religiosa y es gracias a él que nos debemos a esta misión.
Testimonios: Para mí ha sido algo muy bonito, fue la primera vez que hacia algo así, antes solo íbamos en navidad para hacer el show para los niños, y también eso era algo muy bueno, pero lo de ahora me ha enseñado muchas cosas, ir por esos caminos algo peligrosos me enseñó que la vida de una misionera no es fácil, si lo vez con tus propios ojos, pero si lo vez con con los ojos de Dios es totalmente distinto, no importa cuanto tengamos que subir o cuanto tengamos que caminar, lo importante es llegar a toda esa gente que te espera, llegar a sus corazones, llegar con el todo el cariño y amor que le podamos brindar, y lo más importante llegar con la Palabra de Dios. Subiendo por esos cerros en algún momento ya era demasiado el sol, demasiado el calor, y me puse a pensar que una persona que tiene toda su vida para Dios pasa por todas estas cosas y muchas más, y me dije: si Dios ha querido que esté pasando por todo eso habrá sido tal vez por alguna prueba a ver si podía soportarlo y en esos momentos era donde más ganas le ponía para subir y seguir caminado dejando atrás todo el miedo que podía sentir, ya que si Dios quiso que esté ahí, nada malo me podía pasar. Espero que esta no sea la última vez que vayamos, ya que una experiencia así te llena siempre el corazón. (Leslie Salvador)
Iba con la intención de visitar al P. Paco, a pasar con él y con el grupo momentos agradables y compartir con los niños de las dinámicas y de lo aprendido aquí en Catequesis (Lima), pero al llegar allá (Pariacoto) me sentí capaz de trabajar en las misiones, estuvimos muy unidas y compartimos momentos inolvidables, momentos que deseo repetir sin necesidad de preocuparme por llevar algo material. Es importante lo material para comprar, pero comprendí que mis momentos con ellos fueron llenos de amor, de ternura. Estoy agradecida con Dios y con la misión de los frailes por el servicio que tienen en Pariacoto. Conocí más de cerca su trabajo y su realidad. (Lidia Robles)
Mi experiencia será inolvidable, siempre he venido pero en esta ocasión he disfrutado muchísimo. Visitar a los frailes, jugar con los animales, y tener el contacto con los niños y jóvenes me han ayudado a comprender la importancia de un servicio. Esta misión me motiva a querer volver a Pariacoto, a la misión misma, el perdernos camino a Vinchota no fue de temor sino un ejemplo de vida, pensar en los misioneros que día a día avanzan aún en las dificultades. P. Paco tenía confianza en nosotras y nosotras lo ayudamos de manera breve, pero lo acompañamos en uno de los muchos caminos que ellos recorren. La comida me encantó y su gente, no es fácil pero se aprende a vivir. (Rosa Cisneros)
Todo era lindo para mí, la experiencia será inolvidable, mi cámara fue testigo de todos los momentos en la misión. Los niños y los jóvenes estuvieron acompañándonos. Opino como todas las chicas, no es fácil ser misionera, pero las ganas de ayudar te empujan a un servicio. Rosita, Leslie, Lidia y yo somos muy sensibles y nuestras lágrimas brotaban en los momentos más tiernos. Bailamos, comimos, disfrutamos de cada momento. La Misa en los caseríos me llenaban de amor. La despedida fue la más emotiva para todas y la espera quizás para llegar a casa no nos desesperó, la paciencia se torno en nosotras, pudimos conversar y compartir momentos de reflexión. Me encantaría seguir visitando Pariacoto. (Cecilia Berrú)
Conclusión Nada se puede sin la VOLUNTAD de Dios, por eso todos podemos ser MISIONEROS, trabajar en silencio, sin tener que poner un cartel grande de tu nombre, de tu obra, es dar mucho o poco, con las manos vacías o llenas, SER MISIONERO es ORAR para que sean nuestros deseos los primeros que lleguen a la misión, es vivir un Retiro constante, teniendo vivencias diferentes así sean en el mismo lugar, es seguir las huellas del propio Jesús y en este caso de nuestros amigos Franciscanos Conventuales. PAZ Y BIEN
(Foto: P. Paco, Cecilia, Lidia, Rosita, Leslie, y yo) (Junio 2002)

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