
Desde anoche nuestra gran LIMA estuvo fría, la intensa garúa (y es que Lima no sabe llover) nos invita a abrigarnos, a tomar el café bien calientito. Sí, esas gotitas menuditas nos invitan a la flojera, a no salir, y querer mirar tras la ventana todo este invierno de agosto. Y es así, riega el parque que está frente a la casa, es como una pintura, radiante, está lleno de verdor, e intenso olor a cesped y tierra mojada, los ansiosos pajaritos cantan desde sus ramas, esto me encanta… Y bueno, tengo que ir a trabajar, pero prefiero caminar y seguir la ruta de un día pleno. He oído -en el camino- decir que el día está “feo”, triste y hasta la gente camina enojada porque seguro arruina el peinado. Yo, estoy feliz, son casi cuatro cuadras para llegar al paradero y otros 4 para llegar a la oficina. Verde, verde veo todo, por coincidencia también cruzó 4 parques en el trayecto. Sí, atravieso 1 saliendo de casa (Las Américas) y otros 3 en Miraflores y Surco (Kennedy, José Gálvez, Cahuide), casi siempre me detengo a contemplarlos, sobre todo a aquellos árboles ancianos llenos de poemas, se nota que el paso de los años ha ido envejeciendo la madera de aquel árbol que algún día alcanzó las ramas más frondosas, albergó a muchos pajaritos, y aquellos pocos inquilinos que le quedan... porque cuando cruzo y alzo la mirada ellos están diforzados (cantan y cantan), y veo en otras ramas la ceremonia de los tortolitos acaramelados enamorados, abrigados con melodías de amor. ¡Todo se vuelve esplendor!
Qué bello encuentro en esta mañana, también diviso flores con matices de colores, todo brilla, es espectacular caminar y contemplar, muchas veces me he detenido tanto tiempo que me olvido de la hora y de trabajar (ji,ji), en fin, jamás me cansaré de escribir y de contarles lo maravilloso que es un día de garúa, no es tan frío ni amargo, ni feo, es un día más de vida, sólo me queda agradecer lo que tenemos que merecer.
Qué bello encuentro en esta mañana, también diviso flores con matices de colores, todo brilla, es espectacular caminar y contemplar, muchas veces me he detenido tanto tiempo que me olvido de la hora y de trabajar (ji,ji), en fin, jamás me cansaré de escribir y de contarles lo maravilloso que es un día de garúa, no es tan frío ni amargo, ni feo, es un día más de vida, sólo me queda agradecer lo que tenemos que merecer.