
Todos tenemos una historia, un testimonio, una prueba, una evidencia, una confirmación…
Hoy, me hicieron una tomografía, lamentablemente con tanto papel, no me informé y no fui en ayunas (requisito indispensable para que puedan ponerme el contraste), así que tuve que esperar pasaran 4 horas… esta espera me hizo comprender muchísimo de cómo nos ama DIOS, de como se manifiesta aún en el dolor, inclusive como uno puede seguir trabajando con Él, mi misión en el Hospital. Me sentí del tamaño de una hormiga, mi caso no era tan delicado como los 4 que conocí de cáncer, el ejemplo de lucha, entrega, empuje de aquellas personas que enfrentan un cáncer, algunos con la angustia de recibir la noticia, saberse enfermos (temen a lo desconocido, siendo el inicio de un tratamiento extenso y fuerte), y otros con la enfermedad avanzada, generalizada, pero con ánimo bueno. Admirable la lección de vida.
Conocí a María, Deri, y 2 personas más que no les pregunté su nombre, pero los tengo grabados en la memoria, y por supuesto a una niñita llamada Andrea, que nos dejó a todos boquiabiertos, y es que siempre hay inquietud, nerviosismo cuando nos ponen en el scaner. Lamentablemente, muchos sufren de claustrofia, y miedo, pero Dios se vale de los niños y ancianos para darnos ejemplos. Se nos fue la angustia, cuando vimos a la niña muy valiente.
Para suerte mía, tuve el privilegio de mantener una larga conversación con María (“Maricucha”), me contaba que era profesora de niños especiales, y que tuvo que dejar el colegio por el cáncer, que su lucha era constante, tenía 2 tumores malignos no operables. Mantiene su tratamiento con quimio, aquellas palabras eran como un bálsamo para mí, quería oirla, contemplarla. Muy rapidito se pasó de asiento, y se sentó muy cerca mío, yo estaba emocionada, cómo no querer conocerla, escucharla con atención. Me decía que su imagen no era la misma, que había envejecido, yo le decía que su corazón estaba radiante, que reflejaba mucha paz, alegría, enseñanza. Luego, le pedí que no bajara la guardia, tanta fue nuestra conexión que ella me pidió lo mismo, nos prometimos mantener una linda amistad por teléfono. La llamaron, entró caminando despacito, pude ayudarla y ella me demostraba que podía sola, un familiar la estuvo acompañando, pero, piden salgan y se queden sólo pacientes, así que después de varios minutos la vi salir (agotada, pero sonriente). La emoción envolvió todo su ser, su hijo había venido del extranjero y la esperaba con los brazos extendidos (sniff). Aún tengo la mirada de madre, hasta el dolor le pasó, lo abrazó y lo presentó, qué emoción, vaya que hoy he aprendido otra lección.
Pienso que cuando estás al lado de más enfermos, todo el ambiente se convierte en uno, no hay diferencias, somos testigos de cada momento, no sentí para nada tristeza, más bien reaccioné, maduré, nos familiarizamos, conversamos. Me considero conversadora, habladora, pero sin ningún propósito de incomodar en esta ocasión, sólo aprender en el Hospital.
Mis oraciones desde hoy serán por todas las personas que padezcan alguna enfermedad, por aquellas que estuvieron conmigo hoy, en la sala de TOMOGRAFÍA Y RESONANCIA MAGNÉTICA, una en especial por Elizabeth, nuestra querida enfermera quien nos dio la fortaleza para tomar con tranquilidad este proceso.
A mí fácilmente no me encuentran la vena, siempre salgo muy pinchada, y ella en una me puso la aguja mariposa (intravenosa), mucha vocación, y fe en DIOS (eso me dijo).
En el pecho tuve a mi Señor de la Divina Misericordia y a mi Señora de Luján.
Grande eres Señor, porque aún en el dolor se aprende cada día… te pongo a los pies a cada una de estas personas que pasaron por mi camino hoy...
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