jueves, enero 14, 2010

Elizabeth Chocce, vocación y servicio a prueba de balas


El hospital Edgardo Rebagliati, se ha convertido en mi escuela, en mi habitual paso. Cada pasillo, el ascensor, los consultorios y  cada detalle, me recuerda la enseñanza enorme que he recibido en ese lugar. Ya pasaron 4 meses de mi operación y regreso para hacerme una nueva tomografía. Si algo puedo agradecer es la atención que he tenido, al principio todo parece que estuviera en contra tuyo, mucho trámite, mucha presión, pero nada es contra nadie, es simplemente por la cantidad de pacientes. En ocasiones, los pacientes preparados para sala de cirugía son reemplazados por pacientes graves, que vienen de emergencia, y queda el sabor amargo de la ansiedad, la espera, te deprime. Hay muchos pacientes que han tenido crisis de pánico, no es facil, esto no quita que sea un reconocido hospital y que el cuerpo médico esté capacitado para las cirugias de alto riesgo, creo yo, es el mejor centro de salud, pero lamentablemente,  no se abastecen. Algunos, andan de prisa, a la defensiva, da ganas de tomar el puesto y ponerse a disposición. Pero... si algo aprendí es quedarme quietita, y ser humilde, entiendiendo que estaba en calidad de paciente y sobre todo a no creerme autosuficiente. Todo esto lo vas absorbiendo, tienes que entender, reaccionar sí ó sí, aparecer el despertar personal, espiritual se aloja en ti pronto y aprendes a mirar todo con humildad, con sencillez, con amor.

Empecé a mirar al equipo médico con cariño, me familiaricé, me culturizaba, todo preguntaba y anotaba, ya los entendía y así me di cuenta que no es que tú estés más enferma que el otro, todos éramos importantes para ellos. El control, el monitoreo, tus medicinas puntuales, tus alimentos, en fin, la presencia de ellos a tu lado es una bendición, como lo es, el haber conocido a un excelente ser humano, ella es enfermera, se llama, Elizabeth Chocce y trabaja en Tomografía 6 (1º piso, no lo olviden), una mujer con mucha fortaleza, capaz de quitar algún temor. Te dice que la enfermedad se genera por las preocupaciones, que todo depende de nosotros, que así conseguiremos salir adelante, sin miedo, convencidos que todo pasará, que no hay nada que se quede si es que no se lo permitimos, me habló del poder de la mente, de lo cierto que es cuando nos guardamos las cosas que nos hacen daño y las dejamos vivir en la mente, de esta manera sólo estaremos sembrando más dolor… Me habló de Dios, de la sanación, de los milagros del cuerpo. Yo, encantada de conocerla, como siempre digo, se presentan ángeles que nos levantan. Como yo era una de las últimas, podía escucharla con atención, sus consejos, sus recomendaciones me reconfortaban, y en un descuido (zas!!), me di cuenta que con un pinchazo encontró la vena (se han vuelto muy delgaditas), pero ella me dice, Dios gana, y la aguja se queda ahí, previa al contraste intravenoso. Capaz de prepararnos psicológicamente, muy bien!!

Qué alegría saber que existen personas con un profundo espíritu de amor y consuelo para los pacientes. Vocación y servicio a prueba de balas y sobre todo con el coraje de poder manejar sola -en ocasiones acompañada- y en un solo día tantos casos (pacientes con cáncer,  algunos con tumores no operables, que sólo reciben radioterapia ó quimioterapia). Luego, pasas a la sala y cuando ya estás con el médico y en la máquina, ella entra y te dice ahora sí te pondré el contraste: “quemará un poquito, pero, es algo que soportarás, no te muevas para que todo salga rapidito”, y bueno, entran niños con caritas sonrientes, salen diciéndo: no duele, así que me copio también, soy valiente, no duele (ja, ja), no es nada que te traume ni algo que te hará daño, es como un scanner, así que el miedo se tiene que ir y sobre todo cuando Elizabeth te hace reír. En ese lugar, no existen tristezas, todo es tan natural, yo creo que más lo sienten los familiares sanos, en cambio el que está enfermo, aprende, convive, irradia paz, se convierte en algo muy profundo, diría espiritual, y esto lo siento, son pocas las personas que se quejan, se percibe amor. Como digo y repito, son los familiares los que constantemente los imposibilitan. Ellos, nosotros, vamos tomando todo esto con mucha calma, paciencia, tienes que volverte pequeño, ser humilde, solidario, aprendes a compartir e inclusive a sonreír. Así, como Elizabeth, a lidiar con las enfermedades, a torearlas. Ella, nos enseña a vivir, aún en las adversidades.

En un papelito me anotó el libro recomendado, se llama: “USTED PUEDE SANAR SU VIDA” de Louise Hay, qué bendición conocer a una enfermera que desea con toda su alma ver a sus pacientes, sanos y felices.
¡GRACIAS ELIZABETH!
Hoy por mí, mañana por ti...
¡Gracias Gordita de Colores, Patita, por acompañarme y por tu paciencia!!

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