martes, septiembre 21, 2010

Orar por los Hermanos

Uno se siente tan pequeño, pero tan pequeño cuando se postra ante Dios para hablarle, que todo nos parece grande, grande, sublime, qué hermosa es la Oración. Con ella, puedes llegar al hermano, a cada rincón de la tierra, con ella puedes sentirte compasiva, contemplativa, solidaria, fuerte, confiada, sin miedos, sin temor a nada…

Descubres que hay un misterio, un aroma, un suspiro, un enamoramiento, es cuando en ese momento imaginas que JESÚS también se arrodilló contigo, se abajó para elevarte!

Hermanos Franciscanos, no importa si escribe un hombre ó una mujer, si para Dios sólo vale nuestra alma, nuestro ser. ¡Cuántas maneras de orar con pequeños gestos de amor!
¡Cuántas oportunidades tenemos ahora a través de la red!¡Somos ya una Comunidad de Oración!

Por eso, cuando nos sintamos tristes, débiles, defraudados, decepcionados, humillados, despreciados, faltos de amor, de consuelo. Con algún problema, enfermedad, complejo y hasta con alegría, no te olvides que Jesús nos convoca cada día. El enemigo nos lesiona, nos empuja a un abismo, que no caemos porque JESÚS nos contiene, nos detiene. Nos prueba en fe y en vocación.
Con tantas noticias tristes y decepciones en la Iglesia me decía ¿Por qué Señor?
Si tengo muy buenos amigos sacerdotes, conozco a muchos que han caminado por senderos difíciles, por caseríos peligrosos, que han padecido, con testimonios de vida en fe y hasta muerto en martirio. Por un momento pasó por mi cabeza decir: ¡No creo más en los sacerdotes!! pero… luego, me dije: No María, tú crees en Dios que actúa a través de ellos…

Hermanos, extenso mi escrito, pero convencida que quien pide a Dios con FE, obtiene respuesta y aquel que pida con humildad al mundo, a los hermanos, que oren por ellos, DIOS los escucha inmediatamente. Se convierte la oración en Comunidad, en una inmensa cadena de Amor, todos oramos por todos, crecen las peticiones, la fraternidad y el mundo entero ama a Dios y se sana…

Busquen la Santidad en su trabajo, sean fieles, humildes, sencillos como Francisco que vivía orgulloso de tener hermanos.

Bendigo su vocación, amen a JESÚS, su Obra, sus huellas, su sangre, su CRUZ…