Estuvimos juntas en momentos intensos, para algunos dolorosos y sin salida, para nosotras enseñanza. Fuiste tú, quien pudo llevar con fortaleza la muerte de mamá, aún, tu imagen mostrara a una mujer frágil. Padeciste una enfermedad fuerte, con casi 3 meses de cuidados, postrada, con medicamentos intravenosos. Recuerdo que tu único malestar era por guardar reposo, te ponías como una niña con puchero y te ilusionabas con tus escritos y lecturas de la Biblia, cómo te parecías a mamá. Hemos pasado momentos duros hermana, con firmeza, con dignidad. Las personas que nos conocen saben de nuestra historia y aquellas que ahora me leen podrán decir que describo la enfermedad como algo simple, y no, ambas sabemos que todo esto pasó por un motivo especial: para acercarnos más a DIOS y conocer su Pasión. Fue difícil cuando mamá tuvo que partir, éramos muy jóvenes, pero fuimos preparadas, aceptando su designio, aprendimos. Mamá, una mujer fervorosa, de servicio, de profundo amor por su prójmo, por Dios. Fuerte, silenciosa (para no dejar recuerdos de una enfermedad incurable, prefirio guardarse el dolor y no contarlo). Imaginen esconder esto para no hacer sufrir a la familia. Comprendí que los que se van primero son ángeles que cumplen una misión, arriesgan todo por amor… este fue nuestro más valioso legado, una herencia: Amar la vida, amar la muerte, luchar, confiar, entregarse a la Voluntad de Dios, aún en la enfermedad. Mamá llevó con honor su cáncer. Hermanita, nuestro padre padeció mucho, pero miro hacía adelante, y convencido de que la vida continua, avanzó con paso firme, cómo lo amamos.
Descubrimos que no todo lo malo era tan malo, ni todo lo bueno tan bueno, las cosas que se nos presentaban ya no eran imposibles, nuestra Fe nos acompañaba.
La vida ha sido el mejor regalo de Dios, he podido fotografiar cada momento, buscando lo bello en cada ser, y será por eso que cuando me sentí mal e iba sola al médico, no quería que nadie se entere, pero, tú, si tú, mi enfermerita, me adivinaste, casi con voz de mando, me dijiste: ¡Hoy voy contigo! (¡es una orden!), era el día de los resultados, querías estar a mi lado, saber qué pasaba conmigo. Las dos nos dimos la mano cuando el neurólogo leyó el resultado de la resonancia magnética: un tumor en el cerebro (felizmente benigno, pero estaba grande, ocupaba un lugar de alto riesgo y no se sabía si era operable). Ya me había preparado para escucharlo, lo presentí después de la parálisis en los ojos, sabía que los dolores de cabeza no eran de migraña, pero, oí con atención y agradecía a DIOS. Ay... uno se repone, lo tomamos con calma, lo primero que le preguntaste al médico es que te diga, qué hacer, el paso siguiente. Al salir caminamos tranquilas, hablando de tantas cosas, planeando otras. La vida puede girar en segundos, pero ese momento nos abre oportunidades, nos ayuda a unirnos, nuestra familia pasó tantas cosas..., que hablar con la verdad nos ayudó a mirar todo con claridad, con esperanza. Comprendes también que en la vida todo es un préstamo. Mis hermanos, decidieron llevarme a otros especialistas, no había duda había un tumor alojado en mi cabeza. Fui obediente y pasé por muchas pruebas, pero a la vez conocí a tanta gente que me iba preparando. Los médicos me decían que era el momento de operar, que no pierda tiempo que ya era una emergencia. Pasé por varios lugares, varios diagnósticos no había vuelta que dar, ustedes mi familia, me contuvieron y así pude superar cualquier miedo. Pasaron muchas cosas, siempre tranquila, oculté esto a mi padre, pedía a Dios paz para no sugestionarme y que no se me tonara, era él quien estaba muy enfermo, pero a la vez, ambos nos ibamos preparando... poco a poco, psicológicamente, primero tienes que ser tú quien se prepara. Recuerdo que te movilizaste en segundos, prendiste la velita de ley para la Virgencita, te encomendaste a todos tus amigos para orar por mí, las Cadenas de Oración se hicieron presentes, a mi lecho llegaron cartas, saludos, oraciones. Eso me hacía fuerte, capaz, sin miedo. Cada hermano oraba por mí y nosotros por ellos. Por eso, quiero ser agradecida, cumplí un año de operada, y aunque no he parado de ir a control y haber pasado por resonancias y tomografías. Este momento ha sido un regalo para mí, mamá tenía razón, nada sucede por gusto. En la cita de hace 3 meses mi endocrinóloga me dijo que estaba sorprendida porque los resultados hablaban de una posible sanación, y quizá dejaría los medicamentos (remedios que me hacían sentir rara y con muchas palpitaciones), pero también confirmó que no hubiera podido ser madre, lo tomé con calma, ya ahora soy mayor, imaginé tantos momentos con los niños, jugando en Catequesis, en los caseríos, con mis sobrinos, mis vecinitos y me dije, ahora entiendo por qué me regalaste la oportunidad de conocerlos y trabajar con ellos. No quise contar a nadie porque me aconsejó a que espere el año para un nuevo perfil y la tomografía oficial, en ella se confirmaría si los restos crecieron, si las pruebas hormanales me daban alguna posibilidad de maternidad, pero, hay algo importante esperaba también la respuesta si llevaría radioterapia. Yo, hasta me sorprendo, ya no soy la María ansiosa, impaciente, todo, todo lo llevé con calma, no resignada, al contrario me sentía compasiva, buenita, las personas no creen pero soy muy graciosa, me gusta hacer reir a los demás (ojo, en el trabajo soy la señora ley, ja, ja), siempre tranquila, agradecida con todos, con DIOS, con la vida, amorosa, mi mal carácter fuerte se había esfumado y con el tumor se fueron los dolores (por algo suceden las cosas).
Acabo de regresar del médico, me leyó el resultado, algo macabro, pero sólo terminos: deformación del lugar donde estuvo alojado el tumor, derrame de líquido sobre la misma, heridas, etc. Me quedé silenciosa, mirando con atención como anotaba y cerró la historia, me miró y dijo: nada es preocupante, en conclusión el tumor fue extraído totalmente, me sorprende, este tipo de tumores vuelve a crecer. ¡POR TU FE HAS SIDO SANADA!
Patita, estoy muy feliz, respeto a cada hermano enfermo, de una u otra manera todos buscamos la sanación a lo largo de nuestro camino, pero, sé que quien confía en DIOS, hallará respuesta. Seguiré orando, pues este es un camino largo, tendré controles siempre, como el que ahora me harán para descartar algunas otras secuelas, pero me permito escribir así, muy a mi estilo, en testimonio y agradecimiento.
Tu nunca lo supiste, pero yo me estaba preparando para lo que Dios decidiera, yo simplemente soy su esclava, hágase en mí lo que quieras...
Tu nunca lo supiste, pero yo me estaba preparando para lo que Dios decidiera, yo simplemente soy su esclava, hágase en mí lo que quieras...
¡Gracias Dios mío! ¡Gracias a mi primo, médico oftalmólogo, Javier Villalobos! ¡Infinitas gracias a mi Neurocirujano Luis Cabrera! ¡Gracias Dra. Elizabeth Garrido mi endocrinóloga! ¡Gracias Patita! ¡Gracias Osquitar, gracias Ginita! ¡Gracias a todos por acompañarme, por orar por mi familia, por mí, amen a sus padres, a su familia, a sus hermanos, y confien en DIOS, no hay nada que no puedas soportar y que Él no te pueda ayudar: la ORACIÓN ES PODEROSA! ¡JAMÁS ME CANSARÉ DE DAR GRACIAS!
