Porque el tiempo, el implacable
y el que pasó
siempre una huella dejó.
Pablo Milanes
y el que pasó
siempre una huella dejó.
Pablo Milanes
Lamentos y gritos silenciados que llevan el mensaje de que la vida no es sueño. Digerir lo pasado, de ello se trata. Pero hay cosas difíciles de masticar. Solo la acción subvertirá el presente. Acción que no responde a las imposiciones del Amo interno-externo que le ordena un ¡no! al vivir. En un análisis no se trata de aferrarse a cosas-dolores detenidos, mas bien un analista impulsa a un todavía “falta” un paso más. Roto el todo, hay que soltar amarras, las del corazón. Ausencias que no se reparan. Solo un intento: el de rescatar causas. Espina atragantada en la garganta eso es lo triste. No “creas” que aquello se olvida, eso es marca imborrable, y en el momento que menos te lo esperas aflora y vuelve ese pasado. Para extraer esa espina “hace falta” operar sobre ello. Y toda operación deja marca. Mas esa marca anunciará que la huella fue incorporada a tu vida, y que viviste tu historia. Y que la vida no es sueño. Ausentarse de la vida es morir en vida. Vivir es hacer en el tiempo que nos toca por vivir. El hacer es un acto que violenta la resignación. Y lo que violenta a la resignación es el amor y el querer. Querer, amar, desear, decir, de eso se trata en la vida. Querer son las ganas de saludar al ser amado con un beso. Amar no es fingir. Amar no es solo reír. Amar no es alegría sin ganas. Querer es dejarse sorprenderse por el día a día. Para desear algo nuevo hay que dejar espacios vacíos, sorpresas. Cortes en lo cotidiano. Cuando se lucha por la vida el pensamiento queda de lado. Y que nos guíe el deseo de vida en nuestro relámpago de tiempo. La vida es un breve ciclo que podrá dejar huellas.
Fuente:
http://www.elalmanaque.com/psicologia/
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