miércoles, octubre 07, 2009

Mi pase por el Hospital

Fueron algunos meses de espera.  En algunas ocasiones, con muchísima impotencia. Me sentía cansada, agotada, mal, e imaginaba que en el Hospital no tenían corazón, en fin, eso fue al principio, luego comprendí que era afortunada, habían casos mucho más graves… situaciones de emergencia que por más que necesitaba el internamiento sabía que debía de donar ese momento…


¡Cuánto vale la vida, cuánto vale la FE en DIOS!, la espera tenía un sentido, me sirvió para aprender, conocer, descubrir, explorar, compartir... Todos esos días de persistencia en el pasillo no eran en vano, mi internamiento demoró por muchos motivos: poder descubrir e involucrarme con los diferentes momentos e inclusive prepararme psicológicamente, emocionalmente. Madurar, ser más fuerte y brindar a los demás confianza sobre mi situación.
Conocí no sólo pacientes, sino parientes que transitaban por mi lado y oraba con ellos, teníamos frente la imagen de la Virgen, todos rezábamos, no habían diferencias, y es que ahí había un clima de tensión y de fe, aún en esos momentos... DIOS, estaba presente y es ahí cuando te involucras con el prójimo, con el más necesitado, ahí empieza una misión...
En fin, cada día que pasaba aprendía más, desaparecía el temor, ese ir y venir de la vida no era tan esforzado, más bien me volví fuerte, ya iba sola, todo lo podía sobrellevar. Te pones en el lugar del otro, lo entiendes, son muchas situaciones, habían largas colas de espera, y hasta noticias fuertes. Pudiendo abrazar a familiares que lloraban una pérdida -todo suena muy fuerte-, pero es una realidad... Debo reconocer que son pocos los casos que vi de muerte. Felizmente, hoy en día, la medicina ha avanzando tanto que nuestros buenos médicos, salvan vidas con esmero, DIOS es el CIRUJANO, es tan Poderoso, que aún en casos de riesgos, ÉL actúa, pone su Misericordia. He quedado totalmente maravillada con cada momento en el Hospital, y Sí, así fue mi entrada, un día cualquiera, cuando fui a averiguar la posible fecha de ingreso (sin maletín). Justo el Jefe ese día daba altas. Muy bajito nos llama a 3 personas, no fue fácil, el Dpto. de Neurocirugía es todo un piso, pero, se divide en  3 pabellones: Cabeza,  Columna y UCI (Unidad de Cuidados Intensivos). Era como ingresar a un internado, una comunidad, todo lo veía inmenso. El Hospital estaba repleto, era difícil conseguir una cama, pero, tuve la dicha de habitar primero por el pabellón de Columna. En fin, lo cuento y para todo digo: "tuve el privilegio" porque he tenido que pasar por todo esto para crecer, lo hablo como testimonio porque quedarme ahí ha calado hondo mi corazón, he aprendido, me he educado y no sólo por haber tenido una vista increíble desde el piso 13º, sino porque siempre habrá en nuestras vidas una ventana para reflexionar y desahogar. Solía decirles a los pacientes amigos que éramos hermanas de Claustro, así la convivencia se hacía más amena. Conocí a muchísimas personas, una gran comunidad, nos visitábamos a diario y era una gran misión, nos integrábamos muchísimo, nos acompañamos en todos los momentos y sobre todo, en previo a la cirugía, sí porque de hecho compartíamos lo que sentíamos si algo llegara a pasar, ya no había penas, teníamos temas hermosos, confesiones, visitas a la Capilla, e inclusive hasta conocí a dos lindas amiguitas que me llevaron la Eucaristía a diario, he tenido momentos plenos. No nombro a ninguna porque no quisiera olvidar a nadie, de hecho quiero integrar en mis escritos al cuerpo médico, técnico, enfermeras y hasta de limpieza, todos los que han pasado por mi vida han sanado mi corazón. Y sí, pasamos todos momentos muy fuertes, siempre sabiendo que nuestros diagnósticos podrían traer consecuencia, e inclusive aún no sabemos el resultado de la biopsia, tendremos que esperar, pero, el hecho de haber estado en la misma situación (como enfermos) nos ayudó a sentirnos muy integrados, acompañados, e inclusive hasta convivir con el miedo y hacerlo trizas, ahí, puedes hablar de la muerte, ya no suena a desgracia...

Uno, no tiene la vida comprada, no sabe qué pasará mañana, hay que vivir intensamente cada momento, pero… estar en el hospital te ayuda a comprender mucho, sobre todo a entender que lo que te hace libre no es el cuerpo. De hecho muchos no hemos quedado bien, necesitamos terapias, tratamiento, quimio, radioterapia, etc., etc., pero, felizmente podemos decir que aún así, podemos entender que es nuestra mente quien nos hará libres por siempre. No hay ningún impedimento para poder descubrir que se puede avanzar a pesar de tantas cosas. Hay muchas enfermedades, pero, la más fuerte es sentirte impedido, el bloquearte tú mismo, la parálisis la haces tú cuando el miedo te domina…

Después de mi cirugía, estuve en cuidados intensivos e intermedios y no pude recibir visitas, pero, las compañeritas, una a una me fueron visitando, las quiero muchísimo, algunas se fueron antes y otras se quedaron, pero, ellas aún operadas e internadas, me demostraron que habíamos logrado una bonita amistad, creánme el dolor desaparecía, una muy buena terapia el acompañarnos. Ahora entienden porqué hay que aprovechar todo momento?. Me sentí orgullosa de pasar por esta situación, por conocer gente nueva. Mi celular y teléfono de casa no paraba de sonar, qué gratificante es amar y ser amado. Gracias, gracias por vuestra preocupación y sobre todo por esta integración, no pasamos por la vida del otro por gusto, todos tenemos una misión, y yo pasé por el hospital para conocerlas, para saber que debemos de aprender del sufrimiento, sacarle provecho, porque comprenderemos que la unión es parte de nuestra sanación!
(Foto en el hospital con mi gran hermana)

No hay comentarios: